ASUMIR EL COSTO

La historia reciente de nuestro País ha sido marcada significativa y simbólicamente por las decisiones de cada administración, inevitablemente recordamos un hecho que en primer lugar se nos viene a la mente.



Cada Presidente en la historia de México ha asumido el costo de sus decisiones políticas y que en lo social han marcado su sexenio, la mancha que no se quita, el recuerdo que no se borra. Hablando de la historia moderna, Peña Nieto tuvo que cargar con la culpa de Ayotzinapa y sus 43, y antes de él Calderón con sus muertos en la guerra contra el narco, etc.

Hoy en espera de conocer el resultado de las marchas del 8 de marzo, el Presidente en turno ha decidido de forma temprana cargar con su cruz y confrontarse con los colectivos feministas, este enfrentamiento será cosa seria, la falta de empatía, dimensión y entendimiento frente al problema del actual mandatario pasará la factura.

Con un proceso electoral en puerta donde sus candidatos y partido dependen de su imagen y donde la mayoría de los electores son mujeres, donde gracias a las plataformas digitales, es cada vez más difícil controlar la vorágine de información, y donde la sociedad es más participativa con su opinión, sus desaciertos son cada vez más y más evidentes resultando en un desgaste lento pero que no cesa.


Andrés Manuel en su lucha por imponer su voluntad, a su estilo ha ido abonando al rencor de los colectivos feministas de forma reiterada, podemos citar como ejemplo, sus desatinadas e intencionadas declaraciones con el “ya chole” cuando se le ha cuestionado acerca del controversial Félix Salgado Macedonio, figura con múltiples acusaciones fundadas o no de violación. Hoy Salgado Macedonio se ha convertido en la representación de todo aquello contra lo que lucha el movimiento feminista, la encarnación del enemigo, la imagen del repudio y la impunidad consentida.

Estas decisiones, laceran imagen política del Presidente y la de su partido y lejos de buscar una respuesta inteligente a su nominación a la candidatura por MORENA en el estado de Guerrero, optó por una defensa férrea a su candidatura, yendo en contra de los medios críticos, a los que califica de faltos de ética y poco serios utilizando su plataforma de la mañanera, una bofetada en el momento menos prudente a quienes califica de opositores por no coincidir con su discurso, con sus formas.

Relajado y apoyado en su popularidad, López Obrador está convencido que nada lo toca, que el pueblo bueno lo respalda, y eso se debe a que ha atravesado todas las crisis de su administración con su popularidad intacta, por citar algunas; la liberación de Ovidio Guzmán, la exoneración de Salvador Cienfuegos, o recientemente el manejo de la crisis por el COVID -19 que nos sitúa en un tercer lugar a nivel mundial en mortandad.

Ningún personaje o circunstancia parece poner en riesgo su posicionamiento, ni su imagen, la aprobación a su gobierno puede subir y bajar por momentos pero hasta el momento, los números lo han favorecido, sumado a eso una oposición de papel y endeble que hasta ahora no ha encontrado la fórmula para poder ponerle un freno.

Así pues con ese criterio y firmeza, siempre convencido, ha decidido con antelación seguir desafiando al movimiento feminista y a sus simpatizantes. Ha blindado su palacio con murallas, y ha tenido como respuesta temprana la pinta de las mismas con innumerables nombres de víctimas de feminicidio, a toda acción ha correspondido una reacción, por parte de las feministas.

Por esta razón es de esperarse que López Obrador se encuentra frente a un movimiento social que ha hecho menos, que no podrá controlar ni contener, poco a poco y día se ha ganado con sus acciones el rechazo y ahora desprecio de estos colectivos con los que ha dado la señal de estar en franco enfrentamiento.

No ha visualizado que esta no será como otras marchas, no ha entendido el rencor social que ha ido alimentado, no ha sabido responder al hartazgo justificado, no ha entendido que las mujeres no son sus adversarios políticos a los que se ha enfrentado y ha aplastado, no ha visualizado el riesgo cercano que han de representar, el costo político que es invaluable.

El saldo del enfrentamiento entre el gobierno que representa y la sociedad que saldrá a manifestarse, esta vez no se quedará en una simple marcha, no solo hablamos de los daños económicos que se pueden cuantificar, hablamos del golpe que sí ha de resentir en su imagen, en su gobierno, en su partido, en sus candidatos, en la jornada electoral.

Hoy a Andrés Manuel López Obrador al igual que a sus antecesores le tocará perder, y no por error, por decisión propia, por necedad, habrá de asumir el costo y las consecuencias de su exceso de confianza, de no escuchar, de minimizar a la sociedad organizada.

Y aunque los esfuerzos de quiénes estarán en este momento encargados de la inteligencia, de la contención, de la imagen, del control de las benditas redes sociales, los operativos, seguridad pública, etc, los que hoy trabajan a marcha forzada, alrededor de la crisis, de maquillar y reducir el impacto. A pesar del esfuerzo conjunto, el daño está hecho, sólo seremos testigos de la hoguera creada por un solo hombre desde su palacio amurallado.

Mientras el Gobierno Federal a través de su equipo de comunicación e imagen se ha esforzado en transmitir una imagen de tolerancia y rechazo a la violencia, de amortiguar y reducir el alcance del daño, de controlar lo que va a percibir la ciudadanía a través de diversos medios afines, por el otro lado el pueblo bueno en sus benditas redes, en últimas horas ha mantenido en tendencia el hashtag #AMLOTIENEMIEDO, calificándolo de misógino, la herida ya está hecha y de sanar será difícil de ocultar.

Ya no será sólo la ciudad de México, en todo el territorio nacional se harán presentes las mujeres en diversas marchas a lo largo del día, la jornada será larga y la voz que se levanta ya no será sólo en contra de los feminicidios o la violencia de género, se suma el reclamo en contra de un gobierno que no las ve y no las escucha.


Hoy difícilmente las mujeres que marchan y se manifiestan olvidarán el desdén y el desprecio del presidente más feminista de la historia y López Obrador deberá asumir el costo.

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